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Aurelio Pretel Marín
RUBÍ SANZ GAMO (IN MEMORIAN)
Academia, como aquella reunión del Diccionario Biográfico Español,
de la que regresamos de Madrid a Albacete creo recordar que en el
coche de su amigo Abascal.
Tengo ante mí el currículum de Rubí, que sería imposible re-
sumir en unas pocas páginas: un centenar de títulos entre libros, ar-
tículos y colaboraciones en obras colectivas, premios y distinciones
como la de ser miembro correspondiente de la Real Academia de la
Historia y la de San Fernando, el Instituto Arqueológico Alemán y
otras instituciones. Además, se ganó la amistad y el reconocimiento
de artistas y colegas, de los que yo he podido conocer junto a ella a
algunos tan notables como Lorenzo Abad, Mauro Hernández, Juan
Blázquez, Juan Manuel Abascal o Juan Zozaya, a quien me presentó
poco antes de su fallecimiento, en 2017. Pero para nosotros, los que
la conocimos en Albacete, fue, ante todo, la amiga, el referente de
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ponible para dar su opinión -y su apoyo, si fuera menester- en cues-
tiones tocantes a su especialidad, e incluso desplazarse sin hacerse
rogar cuando fue necesario. Todavía recuerdo el viaje, en 2013, al
Pozo de la Peña, requeridos los dos por Arturo Tendero, a la sazón
alcalde; y otro, en 2009, a la torre de Gorgojí, que el nuevo propie-
tario quería restaurar, con tan buena intención como mal logro. En
aquella ocasión, después de visitar en Villanueva de la Fuente las
ruinas de Mentesa y el manantial que algunos, desmentidos por Pli-
nio, creían el del Betis, comimos en mi casa del pueblo y, después
de fregar los platos, mano a mano -como un matrimonio, dijo ella,
riendo- regresamos a nuestros domicilios.
No siempre fue tan fácil mi relación con ella. Era muy cabezo-
ta, y yo más todavía, aunque tampoco había muros entre nosotros
ni motivo capaz de enemistarnos. En los últimos tiempos, discutía-
mos, a veces, de política: ella, siempre entusiasta, yo, desilusiona-
do, aunque mantuvimos una ética y unos puntos de vista semejan-
tes, un bagaje común y una amistad que estaba por encima de todo
(de hecho, al día siguiente de tener una de aquellas discusiones, en
noviembre de 2022, se empeñó en presentar mi conferencia sobre
Juan de Borgoña y su retablo de Alcaraz, aunque ya conocía que te-
nía metástasis y había comenzado con la quimioterapia). Más tarde
discrepamos en alguna visita a su despacho y a su casa respecto a